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viernes, 5 de marzo de 2010

Aguardando...

Os dejo un poema de Antonio Machado, muy hermoso que anoche me aconsejaron, y me hizo reflexionar sobre algunos aspectos de mi vida.

Siempre andamos con prisas, corriendo de un lado a otro, mirando el reloj, anhelando que sucedan cosas, que probablemente nunca ocurrirán, y no nos damos cuenta, que mientras nosotros soñamos despiertos y corremos hacia ninguna parte, nos estamos perdiendo lo mejor; vivir.


Sabe esperar, aguarda que la marea fluya
—así en la costa un barco— sin que al partir te inquiete.
Todo el que aguarda sabe que la victoria es suya;
porque la vida es larga y el arte es un juguete.
Y si la vida es corta
y no llega la mar a tu galera,
aguarda sin partir y siempre espera,
que el arte es largo y, además, no importa.

Antonio Machado.


Es innegable que con estas letras el poeta reconforta e invade al lector en una calma inmensa. La paciencia es una virtud de la que no todos podemos hacer gala. Pero indiscutiblemente no hay nada más admirable en una persona que la paciencia con la que espera para hacer frente a sus circunstancias. Es, como todas las virtudes, una poderosa arma contra la cobardía, de alguna manera, el saber esperar nos hace valientes para enfrenarnos a la realidad. A veces una retirada a tiempo, y el ser pacientes no es de cobardes sino la mejor de las victorias.

Qué difícil es entender que las cosas lleguen a su debido tiempo. No siempre lo que soñamos es lo que nos puede hacer felices y eso se descubre intentando, fracasando, aprendiendo y vuelta a empezar para esperar el momento justo para que las cosas ocurran.

¿Y tú eres paciente?
Tus sueños no están lejos, solo has de saber esperar.

martes, 16 de febrero de 2010

¿Libertad o Felicidad?

¿La libertad es una carga? ¿Todo el mundo está preparado para asumir la libertad? ¿Qué sucedería si todo el mundo fuese realmente libre?

Hoy quiero plantear el debate acerca de tener o no tener libertad.
Una persona cuando nace no elige cuales van a ser sus agentes socializadores. Tenemos que plantearnos si existe una posibilidad de definir la libertad;es bueno solo para pensar. ¿La libertad es individual o colectiva? ¿Dónde acaba mi libertad y empieza la de los demás?
La libertad es una búsqueda, caminar hacia ella. Otros en cambio opinan que es una condena.


Si hubiera que elegir entre una de las dos, ¿qué sería preferible: la libertad o la felicidad? ¿Acaso la libertad es un requisito previo y necesario para que el individuo pueda ser feliz? ¿O ambos son conceptos incompatibles?

Algunos creen que la libertad y la felicidad son contrapuestas, y que hay que limitar la primera en bien de la segunda.
Esto que categóricamente es absurdo (nadie se convertirá en más feliz por ver limitada su libertad), parece entrar en otro terreno cuando se trata de colectivos, pues defienden que una sociedad puede ser más feliz si se limita la libertad de todos en beneficio de la felicidad de todos.


Varios puntos que me llevan a reflexionar;

- No existe la libertad común, sino la individual. La felicidad es subjetiva, y como no hay manera de medirla es y no tratar de imponerlas a los demás, que pueden no compartir su escala de valores.
- La libertad es también la famosa "búsqueda de la felicidad", tal y como cada cual la entienda. Nadie hace desgraciados a los demás por mejorar su situación.
- Quienes creen saber dónde se encuentra el punto justo entre libertad y cualquier otra cosa lo único que van a conseguir es mermar la primera sin obtener la segunda. Quienes han puesto la felicidad por encima de la libertad, han acabado sin ambas.
- Todos los sistemas totalitarios se han justificado por la búsqueda de principios superiores a los que valía la pena sacrificar la libertad. Siempre han fracasado.
- Los países más libres son también los países más ricos, en los que los pobres tienen más y mejores oportunidades de mejorar su vida y alcanzar los objetivos que deseen. Por eso los pobres viajan hacia allí.

Los sistemas políticos que consiguen mayor felicidad a costa de sacrificar la libertad no existen en la realidad, sino sólo en la imaginación.
La realidad, los hechos, se empeñan en rebatir las ideologías colectivistas y en defender aquellas que funcionan en la realidad.


Yo sin duda, me quedaría con la libertad, imagino que es algo subjetivo, y qué habrá personas que opinen lo contrario, pero no concibo el concepto de felicidad sin libertad, cuando el individuo es libre puede buscar su felicidad, pero como va a buscar la felicidad cuando no es libre y esta oprimido, siempre habrá una parte que no le dejará ser feliz.

martes, 9 de febrero de 2010

Ingresos = Felicidad: “Me lo llevo todo”

¿Cuántas veces te has sentido triste y te has ido de compras? ¿Cuántas veces has comprado por comprar.. y "te lo has llevado todo"?
La Encuesta Mundial de Valores indica que ingresos y felicidad suelen aumentar en paralelo.
Estamos inmersos en un mundo donde el consumo frenético nos aporta una falsa sensación de felicidad.

El mundo globalizado se encuentra con un gran problema: La sociedad de consumo; el ansia de consumo resulta insaciable.
Es preocupante el impacto de este tipo de desarrollo sobre el medio ambiente y el aumento del consumo de materias primas a ritmo más alto que el de la población. La factura ambiental y social de las economías industriales está empezando a ser difícil de ignorar.

La tendencia al agotamiento de los recursos y al deterioro de los ecosistemas indican la presión del creciente consumo que afecta a los espacios naturales.
La obsesión por lograr una sociedad de consumo está provocando también un deterioro de los indicadores de salud en muchos países, las enfermedades del consumo van en aumento (ejemplo, estrés, sobrepeso…)

Algunos factores que influyen en el deseo de consumir son la publicidad, las normas culturales, las influencias sociales y determinados impulsos fisiológicos y psicológicos. Los hábitos de consumo tienen una raíz social.
Se produce un despilfarro, un gasto que no redunda en beneficio alguno.

El nivel elevado de consumo está produciendo endeudamiento y tensión.
Está comprobado que la calidad de vida mejora cuando restringimos el consumo.
El desarrollo industrial, que acompañó a la revolución industrial, introdujo ya cambios importantes en los planteamientos y concepciones de la vida de los individuos y las colectividades. Posteriormente, la implantación de la sociedad de consumo supuso la llegada de cambios relevantes en los valores que se impusieron en el estilo de vida individual y colectiva. Propiciar que el mismo trabajador fuera el consumidor de aquello que producía, que pudiese comprar a crédito, que mejorase su calidad de vida en base a la adquisición de más productos, supuso promover un nuevo modelo de vida que no sólo afectaría a las condiciones materiales del consumidor individual, sino también, a sus sistemas ideológicos y culturales.

Si la imposibilidad de satisfacer las necesidades básicas deteriora la calidad de vida en los países pobres, muchos de los que viven en países ricos sienten que su calidad de vida se está deteriorando por la falta de tiempo, por unas relaciones sociales cada vez más insatisfactorias y por la degradación de nuestro entorno natural.

Es cada vez más habitual la idea de que el bienestar debe ser la meta de todos en beneficio de las sociedades.
La sociedad del bienestar debería aspirar a minimizar el consumo necesario para una vida digna y gratificante. Es necesario un nuevo modelo basado en la sostenibilidad que satisfaga las necesidades básicas de todas las personas mientras protege y hace uso responsable de la riqueza natural de nuestro planeta.

Las personas han de consumir para sobrevivir y los pobres del mundo tendrán que consumir más para vivir con dignidad y tener mayores oportunidades. Estamos ante una clase social consumidora. Según suben los ingresos, la gente tiene acceso a artículos de consumo más lujosos que indican una mayor prosperidad, comodidad, facilidades y distracción. Lo que en un principio se considera lujo, por el hábito pasa a considerarse necesidad.
El ritmo actual de producción industrial, consumo y generación de desechos resulta insostenible. Los espacios naturales están cediendo terreno a la construcción de viviendas e infraestructuras.
El mundo consume bienes y servicios a un ritmo insostenible, con graves consecuencias para el bienestar de las personas y del planeta.

Una de las críticas más comunes sobre la sociedad de consumo es la que afirma que se trata de un tipo de sociedad que se ha "rendido" frente a las fuerzas del sistema capitalista y que, por tanto, sus criterios y bases culturales están sometidos a las creaciones puestas al alcance del consumidor. En este sentido, los consumidores finales perderían las características de ser personas humanas e individuales para pasar a ser considerados como una masa de consumidores a quienes se puede influir a través de técnicas de marketing, incluso llegando a la creación de "falsas" necesidades entre ellos.
Desde el punto de vista de la desigualdad de riqueza internacional, se ha señalado también que el modelo consumista ha conducido a que las economías de los países pobres se vuelquen en la satisfacción del enorme consumo de las sociedades más industrializadas, mientras pueden dejar de satisfacer necesidades tan fundamentales como la alimentación de sus propias poblaciones, pues el mercado hace que se destinen los recursos a satisfacer a quienes pagan más dinero.
Es necesario un nuevo paradigma basado en la sostenibilidad, lo que supone satisfacer todas las necesidades básicas de todas las personas, y controlar el consumo antes de que éste nos controle.
El consumismo hoy domina la mente y los corazones de millones de personas, sustituyendo a la religión, a la familia y a la política. El consumo y el crecimiento económico sin fin es el paradigma de la nueva religión, donde el aumento del consumo es una forma de vida necesaria para mantener la actividad económica y el empleo. El consumo compulsivo de bienes es la causa principal de la degradación ambiental. Los miembros de una sociedad moderna, individualizada y consumista piensan en el bienestar social.

Reorientando las prioridades de la sociedad, podremos utilizar el consumo no como motor de la economía, sino como una herramienta para mejorar la calidad de vida de la humanidad. Existen razones para la esperanza, alternativas que satisfagan a las personas y mitiguen el daño medioambiental y social del consumo masivo.

En mi opinión, el capitalismo agresivo y depredador nos ha llevado a una sociedad corrupta.
El deterioro de los valores humanos, la deshumanización y la violencia social; son parte de las características negativas de esta sociedad que nos ha tocado vivir.
El consumo compulsivo, la necesidad de tener la mayor cantidad de objetos, para intentar ser más que otras personas, nos está conduciendo a un sin sentido; que conlleva a frustraciones existenciales; porque tal posesión no nos lleva a la felicidad.
Ahora inmersos en una crisis mundial, sería buen momento para plantearnos un consumo sostenible, que promueva el desarrollo social y económico, teniendo en cuenta los diferentes ecosistemas y un consumo razonable de las materias primas y de la energía.